En esta semana conmemoramos el inicio del movimiento social y político para lograr la independencia de nuestro país; lo cual, no debería confundirse con la declaración y reconocimiento de independencia de México. Solemos escuchar que conmemoramos un año más de independencia de España, no obstante, la madrugada del 16 de septiembre apenas se manifestó un movimiento de tipo social, militar y hasta político para conseguir autonomía política y de gobierno; misma que posteriormente se transformó en una independencia absoluta.
También debemos precisar que, si bien el movimiento de 1810 tuvo un impacto político y social de gran relevancia y que tuvo sus momentos cúspide en los años de 1813 y 1814, no podemos asegurar que haya sido el mismo

movimiento ideológico, político y hasta social que culminó la lucha en 1821 y del que derivó la firma del Acta solemne de reconocimiento de independencia del entonces Imperio Mexicano por parte del Reino de España.

El 28 de septiembre de 1821 se firmó el acta de Independencia de la Nueva España, para denominarse en adelante como el Imperio Mexicano. En este acto participaron las autoridades de la Corona Española radicadas en nuestro país, acto que vale para el caso del reconocimiento formal por parte de otras naciones; no obstante, sabemos que España no se resignaba a perder los territorios, pero esa es otra historia.
La independencia para un Estado es el reconocimiento de soberanía al interior de su territorio, para poder hacer las normas, mandar que sean cumplidas y también aplicar las sanciones correspondientes en caso de incumplimiento. También implica al exterior un reconocimiento de igualdad frente a otros sujetos el derecho internacional público, en condiciones de respecto, reciprocidad, solidaridad y hasta vinculación para perseguir fines comunes a la región, como la paz, la seguridad y la integridad territorial.
Cabe mencionar que no todos los Estados en el mundo gozan del reconocimiento de independencia, pues algunos tienen sólo la categoría de autonomía de gobierno, pues están subordinados a un poder superior de tipo político. Nuestro país goza del estatus de Estado soberano, reconocido por la comunidad internacional, lo que entre otros temas, le permite participar en organismos y foros de la comunidad internacional.
Cuando analizamos los discursos, proclamas y bandos emitidos por el entonces ejercito insurgente, podemos darnos cuenta de que sobresalen dos temas: primero, el reconocimiento de la soberanía popular que quiere decir que el poder público dimanan del pueblo y se instaura para beneficio de éste, mismo que hasta hoy en día permanece en el artículo 39 de Constitucional y segundo, el reconocimiento de derechos y libertades para todas las personas sin distinción, hoy en día reconocido en el artículo 1° constitucional.
La forma en que se relacionan los conceptos independencia y libertad es la siguiente: una vez que un país es reconocido como independiente podrá emitir las leyes y normas político-jurídicas que regirán en su territorio. Luego de eso, el tipo de normas que emita pueden derivar en un reconocimiento de libertad e igualdad de trato ante las leyes en favor de las todas las personas. Entonces, la promesa social de luchar por la libertad siempre es consecuencia de la obtención de la independencia del Estado.
También hay otra forma en que los conceptos independencia y liberad pueden relacionarse y será en el sentido de que, a pesar de no vivir en un país independiente las personas tienen reconocidas libertades e igualdad de trato ante las leyes, por lo que en este caso no es necesaria la declaración de independencia para el país, pues el sistema imperante permite a las personas condiciones de vida en paz y de forma organizada.
Finalmente, puede darse un tercer supuesto; el cual es contrario al párrafo anterior, en cuanto que es posible que las personas vivan en países o Estados independientes, pero no sean libres ni iguales ante la ley. Esto será así en la medida que ese país no considere importante reconocer que las personas sean iguales en trato y consideración frente a las leyes, porque sus tradiciones se fundamenten en tradiciones o costumbres de castas sociales y fueros especiales.
Entonces, libertad e independencia no siempre son conceptos iguales y coincidentes en momentos históricos determinados. Nuestra Constitución Política Federal nos reconoce el derecho de libertad e igualdad frente a las leyes y autoridades, mientras que reconoce que somos un país soberano libre de injerencias externas y que se asumirá frente a otros países en condiciones de igualdad de trato y reciprocas consideraciones. No olvidemos que el movimiento independentista derrotó las ideas del gobierno de hombres para transitar al sistema del gobierno de leyes.