martes, 21 de abril de 2026

Trabajemos juntos

José Juan Avilés Martínez

Desde hace ya varios años hemos participado con mi esposa en los grupos parroquiales de nuestro pueblo, recuerdo que cuando nos casamos nos empezaron a invitar a vivir los diferentes retiros y talleres que ofrece la parroquia, pero para ser sincero, en ese tiempo veía las cosas del templo como algo inútil, yo con toda la soberbia del mundo me atrevía a decir que yo ya sabía todo lo que ahí decían y que nadie me iba a enseñar nada, mucho menos esos que estaban al frente de los grupos y que según yo y mi juicio eran de lo peor, me llenaba la boca diciendo que pura gente hipócrita era la que iba a esos lugares, pero pasaron los años y la vida me fue dando la oportunidad de cambiar ese punto de vista, a través de mi propia experiencia de vida y gracias a muchos errores y caídas a lo largo del tiempo, he aprendido que siempre es bueno prepararte, que nunca dejamos de aprender y que nadie por más que estudie sabrá todo, siempre hay algo nuevo que alguien nos podrá enseñar, también deje de juzgar a lo loco a las personas que asistían al templo y un día sin tanto planearlo empecé la bonita experiencia de vivir estos retiros, recuerdo que primero viví un cursillo, me gustó mucho, pero fue como el inicio y no estaba todavía tan convencido, así que fue una llamarada de petate como se dice por mi pueblo, luego nos invitaron a un encuentro matrimonial y también nos animamos, ese nos gustó más, porque íbamos juntos y si uno u otro se cansaba o quería desanimarse, el otro lo jalaba y seguíamos, así empezamos con

 mi esposa a servir en el grupo de matrimonios COFAMI, poco a poco nos empezamos a empapar de los temas y de todo lo que el grupo ofrecía, fue una etapa muy buena para nosotros como familia, ya estando sirviendo de lleno me di cuenta que había muchos grupos y movimientos dentro de la parroquia, había cursillos de cristiandad, evangelización y todos sus cursos, estábamos nosotros de matrimonios, catequistas, pláticas prebautismales, prematrimoniales, cáritas y algunos otros, en una ocasión y ya para abordar el tema que quiero tratar este día, íbamos a realizar un encuentro matrimonial y a mí y a mi esposa nos tocó coordinar los trabajos, recuerdo que yo le dije a mi esposa que íbamos a invitar a compañeros de evangelización para que nos ayudaran con algunas dinámicas y que quizá alguna catequista nos quisiera apoyar cuidando niños mientras sus papás vivían el encuentro, esas ideas las expuse en nuestro grupo y la respuesta de algunos de los de más experiencia me sorprendió, me dijeron que eso no se hacía, que aquí cada quien hacía lo suyo y que nosotros bien podíamos hacer todos los trabajos que implicaba el encuentro, yo me quedé callado tratando de comprender esto, yo decía, como es posible que no nos podamos apoyar unos con otros, que no se supone que todos trabajamos para lo mismo? Así pasó el tiempo y efectivamente seguimos trabajando y seguíamos sin pedir apoyo a los otros grupos, la verdad a nosotros tampoco se nos pedía ayuda por parte de ellos y entendí que así tenía que ser, voy en día y por muchas circunstancias los grupos de la parroquia estamos pasando por una situación complicada, muchos le echamos la culpa al parón que tuvimos por la pandemia, pero la verdad es que al menos nuestro grupo de matrimonios está muy frío, lo más triste es que hemos buscado la ayuda de los padres de la parroquia y por sus tantas ocupaciones no han podido acercarse a ver nuestra realidad, hoy veo como cada quien pretende trabajar dentro de sus grupos, pero veo a cada quién solo, intentando con sus propias fuerzas seguir sirviendo a la comunidad, y pienso en por qué no nos unimos todos en estos tiempos de dificultad, sería mucho mas fácil si todos trabajamos juntos, al final es para un mismo Dios que estamos trabajando, es una misma iglesia y es una misma meta, servir a los demás, así que sería muy bueno echarle ganas todos juntos, pero para eso se ocupa que la autoridad se ponga las pilas también, que los sacerdotes nos motiven a esa unión, nosotros estamos por vivir esta semana un encuentro matrimonial y es muy triste que no se nos haya acercado ningún sacerdote siquiera a ver lo que estamos haciendo, que no se interesen por este trabajo que estamos haciendo para nuestra parroquia y para el bien de las familias de nuestra comunidad, sabemos que a nosotros nos toca trabajar y lo hacemos con gusto, pero también es cierto que necesitamos la dirección y el acompañamiento de parte de ellos como guías y autoridad de nuestra parroquia, no sé si sea correcto expresar esto pero sí nos hace falta su ayuda, o será que yo lo veo así porque me quedé acostumbrado a la forma de trabajar del padre Carlos, cuando yo llegué aquí, él nos ayudaba en todos los trabajos del encuentro, se interesaba por los temas y por quién iba a formar el equipo, nos revisaba a cada quien lo que íbamos a compartir en los temas y él estaba presente durante todo el encuentro, reforzaba cada charla y con su testimonio motivaba a las parejas asistentes, quizá los tiempos han cambiado y ahora hay que poner las fuerzas y la atención en otro lado, quizá ya el grupo de matrimonios no sirva a la parroquia o quizá simplemente no les interese ya a los sacerdotes, cabe señalar también que a lo largo del tiempo también nosotros hemos fallado, sabemos que hay muchos falsos testimonios y entendemos perfecto nuestras carencias, pero créanme que tenemos también toda la voluntad de cambiar y mejorar lo que sea necesario para seguir aportando a nuestra comunidad el granito de arena que nos toca, como siempre usted tiene la mejor opinión.
Hasta la próxima…