A veces la vida en el campo puede ser muy difícil, y más en aquellos tiempos cuando el maíz era lo único que se producía, era un verdadero milagro la vida en las comunidades que rodean la cabecera municipal, muy pocas contaban con los servicios elementales, como luz, agua potable o drenaje, ya ni hablar de servicios de salud, todo mal se curaba con alguna hierba, tecitos y la fe de las personas, la comida era no muy variada, frijolitos, salsita del molcajete y tortillas a mano era lo que no faltaba en la mesa de esas casitas, y justo en una de esas casitas nació y creció Rigo, nuestro personaje el día de hoy, Rigo fue siempre un niño bien portado, trabajador desde pequeño como todos sus hermanos, su padre siempre les dio la oportunidad de estudiar, aunque no los obligaba, pero Rigo sí acepto la chance de estudiar y todos los días caminaba casi dos horas para llegar a la escuela del pueblo, las clases lo emocionaban mucho, pero tristemente siempre sufrió más burlas de sus compañeros por su forma humilde de vestir, al principio quiso

desanimarse pero su papá siempre lo motivó a seguir y a no permitir que nadie le faltara al respeto, esto hizo que Rigo forjara un carácter recio y en su mente estuvo siempre la idea de que nadie le iba a decir nada, mucho menos faltarle al respeto, así creció, y poco a poco en la comunidad todos supieron que a Rigo no se le podía faltar, esta forma dura de vivir lo llevo irremediablemente a ser una persona machista, pues desde que tuvo su novia jamás permitió que ella opinara y mucho menos aceptó consejo o reprimenda de parte de ella, cuando se casaron y formaron su familia, él siempre tuvo la meta de lograr para sus hijos todo lo que él no pudo tener y se juró a si mismo que nadie iba a hacer menos a sus hijos nunca, así que trabajo casi día y noche, su esposa era solo una sirvienta en su casa, él no sabía de cariños ni apapachos, el solo trabajaba para darles todo a sus hijos, un día nació la hija pequeña del matrimonio, Lupita la llamaron, era la luz de los ojos de Rigo, siempre fue la consentida, ni su mamá podía regañarla o corregirla, le compraba todo lo que la niña deseaba y poco a poco la niña se convirtió en la princesa de papá, princesa que creció sin límites y sin reglas que la llevaran por buen camino, pues siempre que hacía algo mal corría con su papá y este la defendía de su mamá o de quién fuera, los maestros en las escuelas en las que estuvo nunca pudieron corregirla, se convirtió en una señorita grosera e irrespetuosa, al final papá la defendía; gracias a su trabajo, Rigo consiguió una buena posición económica por lo que no le pesaba darle todo a Lupita, un día la niña pidió a su papá que le construyera una casa de muñecas, pero muy grande, era casi un departamento, ahí, Lupita hacía sus fiestas y convivios con sus amigos, ahí en esa casa de muñecas Lupita empezó a tomar alcohol, y su papá siempre la defendía, ni su esposa ni nadie podía hacer entrar en razón a Rigo, él era el macho que mandaba y ordenaba, siempre haciendo gala de su carácter fuerte, así Lupita cumplió los quince años, gran fiesta y muchos invitados, alcohol para aventar para arriba y Lupita entregada a los placeres falsos de la vida, pasó casi un año de la fiesta, Lupita iba a cumplir dieciséis años cuando quedó embarazada, Rigo no podía creerlo, como su hija había acabado en eso, entonces si, culpó de inmediato a su esposa, era tu responsabilidad hablarle de eso, le gritaba a la pobre mujer, su esposa solo lloraba y se lamentaba por nunca haber puesto un freno a la actitud machista de su esposo, ahora Lupita vive en una comunidad lejana de sus padres con su novio y su pequeña hija, sin lujos ni comodidades, su mamá sigue llorando por su tibieza y su papá a diario se emborracha preguntándose por qué su hija falló, no acepta que su actitud machista y su consentimiento sin medida hizo que su niña se convirtiera en una princesa maleducada y prepotente que no conoció nunca valores ni límites, por las noches Rigo se sienta y se queda viendo la casa de muñecas, tristemente se quedó solo, solo con su casa de muñecas.
Como siempre usted tiene la mejor opinión, ojalá que aprendamos a poner siempre límites a nuestros hijos y que entendamos todos que la mejor manera de amarlos es enseñarles el respeto y el amor a sus semejantes.